14 abr. 2026
Sara Molina
Durante años, el sector jurídico ha consumido tecnología sin participar realmente en su construcción.
Y eso acaba de cambiar.
Hasta ahora, ha vivido una paradoja silenciosa: uno de los grandes consumidores de tecnología: gestión documental, automatización, inteligencia artificial, pero al mismo tiempo un espectador en su desarrollo.
Hoy, esa barrera empieza a desaparecer. El auge del llamado vibe coding -la capacidad de crear aplicaciones describiéndolas en lenguaje natural para que la inteligencia artificial genere el código- está redefiniendo la arquitectura tecnológica y la generación de valor en las organizaciones.
En esencia, el “vibe coding” elimina la barrera entre pensar una solución y construirla.
En esta transformación, el sector jurídico no es un actor secundario; es, probablemente, uno de los grandes catalizadores.
Del documento al sistema
El derecho siempre ha trabajado con estructuras complejas: reglas, excepciones, lógica condicional e interpretación. De hecho, su naturaleza no dista tanto de la programación. La diferencia es que, hasta ahora, esa lógica debía traducirse a código a través de terceros.
Hoy, esa conversación puede iniciarse directamente desde el lenguaje natural. Esto transforma el modelo: el abogado ya no solo define el problema, pasa a participar activamente en la construcción de la solución.
Cuando construir deja de ser cosa de ingenieros
Este nuevo paradigma no es teórico, sino que ya es una realidad tangible. Un ejemplo reciente lo ilustra con claridad: Kanan Dhru, qué compartía cómo fue capaz de crear su primer generador de cómics con IA sin conocimientos técnicos previos, simplemente iterando en lenguaje natural hasta obtener una herramienta funcional.
Su propia reflexión resume bien este momento: “Just vibe coded my first AI comic generator…”. Más allá del caso concreto, lo relevante es el patrón:
Idea → conversación con IA → Iteración → Herramienta funcional
Todo ello sin picar código en el sentido tradicional.
Un nuevo modelo de colaboración
No se trata de sustituir a los equipos tecnológicos, sino de evolucionar la forma en la que colaboran las organizaciones. Gracias al vibe coding, los juristas pueden:
De este modo, la innovación deja de ser lineal para convertirse en un proceso más iterativo y compartido.
Una nueva categoría: el “jurista constructor”
Este cambio no es puramente tecnológico, sino profesional. Está emergiendo una nueva figura: el jurista capaz de diseñar, prototipar y validar soluciones digitales. No necesita saber programar en sentido clásico, pero sí requiere competencias más sofisticadas:
Es una evolución natural del abogado de negocio: menos centrado en el documento, más centrado en el sistema.
Oportunidad… y riesgo
En el sector jurídico, un error no es un bug: es un riesgo legal.
Como toda transformación acelerada, el vibe coding trae consigo desafíos. Estudios recientes advierten de que el código generado por IA puede contener vulnerabilidades si no se valida adecuadamente. En el ámbito jurídico, esto no es un detalle técnico; es una cuestión de responsabilidad profesional.
Surgen preguntas inevitables:
Aquí, el sector jurídico tiene una doble función: como impulsor de la innovación y como garante de su uso responsable.
Gobernar la innovación, no frenarla
El mayor riesgo no es usar vibe coding, sino hacerlo sin estructura. Las organizaciones que avanzan con éxito comparten cuatro claves:
El verdadero cambio: dónde está el valor
Durante años, el valor en tecnología estaba en saber construir. Hoy, ese valor se está desplazando. Ya no gana quien mejor programa, sino quien mejor define el problema.
Y en ese terreno, el sector jurídico parte con ventaja. El vibe coding no hace a los abogados más técnicos; los hace más estratégicos.
Un cambio silencioso, pero irreversible
No veremos grandes titulares anunciando esta transformación de un día para otro, pero empezará a notarse en herramientas creadas desde el propio conocimiento jurídico y soluciones diseñadas desde el negocio.
Asistimos al paso del abogado que asesora, al abogado que también construye. El futuro del sector no lo marcarán quienes entiendan la tecnología, sino quienes sean capaces de crear con ella.
No estamos ante una mejora incremental, sino ante un cambio de rol.
El abogado que viene no será solo quien interpreta el derecho, sino quien lo traduce en sistemas.
Y eso redefine dónde se crea y quién captura el valor.
Artículo original publicado en Abogacía Española
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