05 may. 2026
Teresa Parada
Llevamos más de 10 años escuchando que la tecnología ha convertido el mundo en VUCA, pero si algo he aprendido en los últimos meses como abogado corporativo, es que hoy el mundo es más VUCA que nunca. Volátil, Incerto, Complejo y Ambiguo.
Vivimos un mundo más VUCA que nunca y, el rol del abogado es más clave que nunca. Esta realidad la afrontamos desde dos perspectivas:
Transformándonos en primera persona: Es la primera vez que una tecnología -IA- incide directamente sobre la base de trabajo del abogado, que es el lenguaje natural. Por lo tanto, es la primera vez que el abogado se enfrenta a una transformación digital sin precedentes y en primera persona. Hasta ahora todas las trasformaciones digitales han sido tangenciales a nuestra profesión.
Por otro lado, desde la necesidad de crear valor y poner en valor la contribución de los abogados a la compañía y a la sociedad en general. En este contexto, la International Bar Association (IBA) junto con McKinsey & Company, han publicado un informe pionero sobre el impacto social y económico del sector legal - Impact Project: Assessing the socioeconomic impact of the legal profession | International Bar Association. En el informe dimensionan y estiman cual es la contribución de los 12 millones de abogados del mundo al bienestar social y el impacto económico directo por ellos -nosotros- generado. En este informe han estimado que la contribución del sector legal mundial es del 1,7% al PIB mundial. Es decir, la abogacía, en agregado global, tiene un peso económico equivalente al de industrias estratégicas completas o a países del top-15 mundial. Esta aproximación es pionera, pues hasta la fecha en la abogacía no se ha hablado en términos de impacto económico.
En un mundo en el que lo que no se mide no existe, los abogados corporativos, nos enfrentamos a la necesidad de convertir nuestra contribución en valor. Ahí está el reto. Pasar del volumen al valor; pasar del conflicto a la anticipación y pasar de la prisa al criterio.
Para ello, el abogado corporativo cuenta con palancas decisivas:
Convertir lo complejo y lo ambiguo en claridad y sencillez. El valor está simplificar lo complejo y comunicarlo de forma sencilla. Ello permite convertir el derecho en herramienta accesible sin perder el rigor. Porque lo que no se entiende, no tiene valor.
Convertir información en anticipación. Convertir la abundancia de datos en información de valor para decidir antes que nadie. Las herramientas de inteligencia regulatoria nos permiten convertir el ruido normativo en datos, y permiten decidir antes que nadie.
Convertir datos en inteligencia legal. A través de dos perspectivas: Por un lado, los contratos contienen información crítica, y a través de los metadatos de las herramientas de gestión del ciclo de vida del contrato, esos datos se transforman en inteligencia útil para decidir mejor.
Y por otro lado, convertir los contratos en procesos de empresa que se activan en tiempo real, abre una oportunidad enorme para optimizar los procesos y tiempos de las compañías.
Y, por encima de todo, un factor diferencial: la colaboración. La velocidad del cambio ha activado una dinámica inédita en el sector. Abogados de empresa se paran a reflexionar sobre su estrategia y comparten prácticas, aprendizajes y soluciones con una apertura que antes no existía. He tenido la oportunidad de impulsar un foro con compañías como Banco Santander, Telefónica España, Ilunion, Gestamp y Heineken España, y es solo el inicio.
Los abogados corporativos tenemos la responsabilidad de rediseñar nuestro rol. Quien mida su impacto, anticipe decisiones y colabore sin fricción, liderará el cambio.
Artículo original publicado en El Economista
Secretaria General
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