28 sep. 2026
Con trece ediciones a sus espaldas, el Legal Management Forum se ha afianzado como la cita de referencia para los profesionales que protagonizan el derecho de los negocios. Socios de despachos, responsables de asesorías jurídicas y expertos en innovación, tecnología y desarrollo de negocio, volvieron a darse cita en un encuentro impulsado por la Fundación Aranzadi LA LEY e Inkietos, además de contar como cada año con la Presidencia de Honor de Su Majestad el Rey Felipe VI y el patrocinio principal de Banco Santander.
Los cuatro talleres paralelos de este año contaron con la dirección de reconocidos especialistas, como Jorge Martos (Responsable de Desarrollo de Negocio IA - Práctica Data & IA Minsait Indra), Eugenia Navarro (Socia de LOIS. Miembro de Inkietos), Irene Blasco (Directora de Comunicación y Marketing RSM), o Anna Marra (Legal Project Management & Legal Process Impropian, Miembro de Inkietos), entre otros.
Os contamos como se desarrollaron cada uno de ellos.
¿Qué ocurre cuando la inteligencia artificial deja de limitarse a responder y comienza a tomar la iniciativa? La respuesta está en la IA agéntica, una tecnología capaz de coordinar tareas, realizar investigaciones y ejecutar procesos bajo la supervisión de profesionales expertos. Su aplicación en el sector jurídico protagonizó el taller “De la IA que escribe a la IA que ejecuta”, con la participación de Jorge Martos, responsable de Desarrollo de Negocio de IA en Minsait Indra, y la moderación de José Medina, senior director de Southern Markets & Platforms Technology de Karnov Group.
La tecnología avanza a gran velocidad. “Cuando todos hemos aprendido a utilizar los chats habituales para revisar contratos, nos damos cuenta de que también son capaces de preparar un dosier, analizarlo y detectar errores”, señaló Medina.
La pregunta clave de la sesión fue cuándo conviene pasar de un chatbot a un agente. Según explicó Martos, la respuesta depende del grado de autonomía que requiera la tarea. “Para buscar información en una base de conocimiento puede bastar con un asistente”. Sin embargo, si se quiere revisar un contrato, detectar la ausencia de determinadas cláusulas y alertar sobre posibles carencias, puede ser necesario recurrir a la IA agéntica.
Un asistente responde a una petición. Un agente, en cambio, puede observar, razonar, decidir y actuar para alcanzar un objetivo. Incluso es posible orquestar un equipo digital de agentes especializados para localizar documentos, comparar versiones, generar borradores o comprobar el cumplimiento de determinados requisitos.
Esto no significa que los chatbots convencionales vayan a desaparecer ni que todos los procesos necesiten incorporar capacidades agénticas. Su uso tiene sentido cuando permite mejorar sustancialmente el rendimiento, reducir pasos intermedios o agilizar la toma de decisiones. No obstante, Jorge Martos dejó claro que el desarrollo de la IA agéntica no supone el fin de los chatbots convencionales. “En ocasiones es necesario contar con herramientas especializadas, destinada al sector jurídico”, señaló.
También es fundamental definir con claridad el propósito de su utilización. “Tenemos que saber muy bien para qué queremos la IA, porque tiene un coste y requiere un importante consumo de energía”, advirtió Martos. Por ello, las organizaciones deben valorar en qué procesos aporta realmente una mejora antes de incorporarla. Para que esta tecnología funcione correctamente, debe apoyarse además en una base documental sólida y fiable. “El conocimiento es la fuente de la que emana la inteligencia artificial”, afirmó Medina.
El criterio humano sigue siendo imprescindible para aportar contexto, seleccionar la información, definir los límites de actuación y validar los resultados. La responsabilidad final recae en quien utiliza la herramienta. El verdadero reto, por tanto, no consiste en determinar hasta dónde puede llegar la IA, sino qué tareas merece la pena delegar y cómo mantener siempre el control.
La IA agéntica ofrece nuevas oportunidades para el sector jurídico, pero debe utilizarse con objetivos claros, información fiable y supervisión humana. “La clave no está solo en lo que la tecnología puede hacer, sino en cómo y para qué se utiliza”, cerró Martos.
La factura en servicios legales vive su propia revolución; el revulsivo es la inteligencia artificial. Los bufetes están preocupados en este escenario, pues temen que cambie la relación con sus colaboradores más preciados, que son los clientes. Concretamente, con las grandes empresas. Las mercantiles ya no externalizan la misma carga de trabajo legal que antes. Por ejemplo, en el pasado, el encargo era redactar un contrato o un informe. Ahora lo hacen ellos mismos y piden a los externos “su revisión”. Y ello preocupa a las firmas. El desafío es mayúsculo. “El 40% de los servicios legales son commodity [tareas estandarizadas] y eso lo harán las máquinas”, subrayó Eugenia Navarro, de la consultora Lois. La pregunta, por tanto, es: ¿dónde aportarán valor las firmas legales para suplir este agujero?
“Veremos muchos legal engineer en los equipos legales de las empresas”, que trabajarán codo con codo con los abogados, anticipó Eva Bruch, consultora de LOIS y miembro de Inkietos. La previsión de Bruch es que surgirán nuevas profesiones en el sector que ganarán protagonismo, por lo que el abogado ya no será la pieza clave. Entre otros: analistas de datos legales, desarrolladores de sistemas jurídicos, especialistas en prompting jurídico, ingenieros... “Los bufetes se plantean si contratar a un asociado junior o a un ingeniero”, subrayó Lindsay Sykes, socia Co-Directora de PPO Indacochea, quien moderó el taller.
El sector legal lleva años discutiendo sobre el mismo tema sin atreverse a tocar el cascabel al gato. Bajo la moderación de Alberto Moreno, director Comercial de Aranzadi LA LEY, el taller práctico De “mi cliente” a “nuestro cliente” impartido por la directora de comunicación y marketing de RSM, Irene Blasco, puso sobre la mesa una realidad que muchos despachos esquivan: el paso de una estructura de clientes estancos a una cartera verdaderamente compartida. O, dicho de otro modo, el tránsito de “mi cliente” a “nuestro cliente”.
El verdadero reto en la abogacía de los negocios no es tecnológico ni depende de la inteligencia artificial, sino estrictamente cultural. Como bien advirtió Irene Blasco durante su intervención, el proteccionismo de los socios sigue siendo el gran obstáculo en las firmas: "El socio se convierte en rehén de su propia cartera; se lo guisa y se lo come todo, pero eso genera un techo de tiempo, una disponibilidad de veinticuatro horas y el riesgo de que el cliente dependa de una sola persona y no de la firma".
Las razones por las cuales un socio se aferra a sus cuentas responden a incentivos arraigados y a una inercia histórica, desde la propiedad emocional de la relación hasta la lógica desconfianza operativa hacia el trabajo de otros departamentos. Para desactivar estas barreras y multiplicar el negocio, Blasco recordó que las firmas deben mirar hacia dentro: "El coste de adquisición de un cliente ya está pagado; crecer dentro de una cuenta que ya confía en la casa es infinitamente más sencillo y rentable que salir a pescar fuera".
Para lograrlo, resulta imprescindible fomentar la visibilidad interna mediante sesiones cruzadas, alinear los sistemas de compensación para premiar la colaboración transversal y diseñar planes de cuentas conjuntos que permitan anticiparse a las necesidades del cliente. Los despachos que consigan alinear su cultura colaborativa con una estructura operativa real no solo reducirán la presión sobre sus profesionales, sino que se garantizarán una ventaja competitiva decisiva en el mercado.
La IA no se cansa, pero nosotros sí. Puede generar documentos y respuestas en segundos, pero cada resultado trae consigo nuevas revisiones y decisiones. La tecnología acelera el trabajo, aunque no siempre reduce la jornada. Esta fue una de las ideas centrales del taller “Trabajar mejor, no más. Cómo sostener el rendimiento en entornos con IA”, impartido por Anna Marra, especialista en Legal Project Management y mejora de procesos legales, y miembro de Inkietos.
¿Cómo puede un abogado ser más productivo? Para Anna Marra, la respuesta no pasa por acumular horas frente a la pantalla. “Muchas veces hay que apagar el ordenador y desconectar. Las horas delante de los ordenadores se pueden multiplicar, pero eso no significa que seamos más productivos”, advirtió. La IA puede trabajar sin parar, pero las personas necesitan descansar. “La IA no descansa, pero nosotros sí. El abogado que trabaja las 24 horas al día los siete días a la semana no puede ser”, afirmó.
Trabajar mejor también implica decidir dónde ponemos nuestra energía. En ocasiones, el rigor profesional puede convertirse en un perfeccionismo excesivo que consume tiempo y desgasta. Por eso, es importante saber cuándo una tarea está bien resuelta y evitar revisiones que no aportan un valor real.
La formación también debe entenderse como una inversión. “Si no entendemos que ahorrar tiempo para dedicarlo a la formación es una inversión y solo observamos la rentabilidad a corto plazo, entonces eso no es progreso”, explicó.
El descanso no es una pérdida de tiempo, sino una parte esencial del rendimiento. “Necesitamos momentos de ocio para producir mejor”, señaló Marra. Actividades tan sencillas “como pasear por la naturaleza ayudan a desconectar, recuperar la concentración y volver al trabajo con mayor claridad”, apuntó.
La IA puede ayudarnos a avanzar más rápido, pero no debe empujarnos a trabajar más horas. Según la ponente, la verdadera productividad consiste en utilizar mejor el tiempo, cuidar la energía y mantener despierto el criterio profesional.
El evento cuenta con Banco Santander y Mutua Madrileña como patrocinadores principales, junto a Mutualidad, Selier Abogados y Velorum.
También participan Adarve Abogados, Ataliter, Auren, Carbonia Investments, CCS Abogados, Cuatrecasas, Deloitte Legal, Ecija, Eversheds Sutherland, Gómez-Acebo & Pombo, Herbert Smith Freehills Kramer, Indra, Iuris Talent, KPMG, Pérez-Llorca, PPO Indacochea, RSM, Squire Patton Boggs, Uría Menéndez y Vilaplana Catering.
El Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) participa como partner institucional y la Universidad CEU San Pablo como partner académico.
Desde su creación en 2014, el Legal Management Forum ha recibido reconocimientos del sector legal como «Mejor entidad organizadora» y «Mejor evento jurídico» de España. En 2019 obtuvo además el Premio Puñetas de Bronce de ACIJUR (Asociación de Comunicadores e Informadores Jurídicos).
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Artículo original publicado en Noticias Jurídicas
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